Aproximadamente 4.000 años después del comienzo de la agricultura, muchas aldeas del sudoeste de Asia se habían convertido en poblaciones de mas de 1.000 habitantes. En el sur de Irak y Egipto, comunidades estratégicamente situadas se transformaron ciudades con barrios, edificios públicos y recintos sagrados dando lugar al comienzo del urbanismo.

Paul Landon En La Isla grande de Chiloe

   Categoria Apuntes y notas
    "No resulta difícil hablar aquí, en el centro de la Isla Grande de Chiloé, del Patrimonio Cultural. Cada rincón, historias, leyendas y otras innumerables cosas hacen que este terruño por sí sólo nos evoque riqueza en términos patrimoniales. Creo que esto no es una afirmación muy sesuda, es casi un lugar común. Pero siempre es bueno llegar a los lugares comunes y lograr con ello incitar al dialogo y la discusión fértil, es una forma de romper los formalismos y sentir que uno es parte de ustedes.
Durante muchos años la imagen de Chiloé y sus riquezas han atraído mágicamente en forma transversal. Quizás sea precisamente esta atracción la que también se ha transformado en una leyenda que lentamente se va desvaneciendo. No hace falta profundizar mucho para darnos cuenta que gran parte de la Cultura chilota, con todos sus bienes, sean estos materiales e inmateriales, se erosiona en forma estrepitosa porque se ha perdido la esencia de la misma. Cuando hablamos de Patrimonio no se puede hacer sin dejar de sentir que es una riqueza que se tiene, que no se concreta espontáneamente, ni nace de un día para otro, es un conjunto de elementos que se generaron con una historia, con un entorno y con un sentido particular. El eje de lo patrimonial  se afirma en las construcciones e imaginario de las personas que vivieron, sintieron, soñaron, participaron y concretaron cosas en un determinado momento y lugar, a las cuales, en este presente, le asignamos un valor por razones que responden a intereses comerciales y también románticos.

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Se entiende por “patrimonio cultural inmaterial” los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana. A los efectos de la presente Convención, se tendrá en cuenta únicamente el patrimonio cultural inmaterial que sea compatible con los instrumentos internacionales de derechos humanos existentes y con los imperativos de respeto mutuo entre comunidades, grupos e individuos y de desarrollo sostenible.
2. El “patrimonio cultural inmaterial”, según se define en el párrafo 1 supra, se manifiesta en particular en los ámbitos siguientes:
a) tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma como vehículo del patrimonio
cultural inmaterial;
b) artes del espectáculo;
c) usos sociales, rituales y actos festivos;
d) conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo;
e) técnicas artesanales tradicionales.

Esto que se plantea, nos lleva a reflexionar profundamente sobre el verdadero sentido de lo patrimonial, en sus expresiones materiales e inmateriales. Como tema de discusión central, debemos incorporar un rescate profundo de las razones que motivaron a los creadores de lo que hoy le asignamos un valor determinado. Estamos aburridos de todo un cuento que va más por el lado del marketing turístico que de otra cosa, cuando vemos imágenes postales y otros productos comunicacionales que solo presentan las caretas y lo más vendible de los registros patrimoniales.
Cuando me refiero al rescate o más bien al respeto de una memoria colectiva, hablo de esa historia verdadera que vincula al habitante de esta tierra con los bosques frondosos y fuertes, con el mar rico en diversidad y abundancia, las aguas libres, los oficios de la madera y su inmensa capacidad de aprovechar este recurso, la religiosidad propia, la oportunidad de vivir el aislamiento y enfrentarlo con trabajo colectivo, la conservación de las semillas y formas de cultivo, la crianza y aprovechamiento de los animales domésticos, al conocimiento ancestral de la navegación, el comportamiento de mareas y corrientes,  la obtención de colores naturales propios de la cultura de esta isla, la capacidad de conservación y aprovechamiento de los alimentos, la construcción de casas, galpones y tumbas para los muertos. 
Hay más, claro que hay mucho más, pero dejémoslo aquí por ahora. Tampoco estamos descubriendo nada nuevo ¿no es cierto? Pero como hablamos de Patrimonio, ética y otras palabras, bien vale la pena reencontrarnos con estas cosas que nos ayudan a seguir por el camino de la reflexión. Si queremos mantener el patrimonio, entonces hay que preocuparse de conocer lo que ha sucedido en cada una de las actividades que pobremente he enumerado. Esto nos ayudará a contar historias verdaderas respetando a los actores que nos dejaron el legado patrimonial.
La idea entonces, es que no sólo nos quedemos con lo anecdótico de las cosas, como es la tentación de los que promueven el turismo de postal. Las Iglesias de Chiloé, los bosques que cobijan a los personajes de leyenda como así su mar, los viejos chilotes que preparan curantos y otras figuras, son aprovechados de manera inescrupulosa por muchos manipuladores de historias. Es lo mismo que ocurre con la figura mítica de las mingas, vuelta de mano y otras formas de trabajo colectivo.
El respeto por los constructores de la historia chilota es lo que hay que tener en cuenta. Para ello hay que profundizar en eso que tiene que ver con la esencia, como dije en un principio: ¿por qué llegaron a dejarnos lo que hoy tenemos o nos queda? Es entonces un deber hablar del bosque nativo, su abundancia y diversidad en otras épocas, donde se estableció una relación con los habitantes de la Isla que no tenían el concepto de acumular. Sólo en este punto tenemos para rescatar el profundo conocimiento que ellos tenían de los distintos tipos de madera y sus aplicaciones.
Es un deber decir que ese bosque ya no existe y con ello parte de esta cultura se ha perdido. Es un deber hablar del mar y la relación que históricamente tenían los habitantes del bordemar con él, donde los pilcanes entregaban alimento en abundancia cuando más se necesitaba. Por ello surgen formas de alimentación ancestral y una cultura propia relacionada con esos ritmos naturales, donde tampoco se pensaba en una recolección para exportar. Aquí entonces hay otro punto donde expresar la esencia del tema patrimonial. Mar que no tenía límites, que no presentaba fronteras, mar que forjó a los aventureros marinos que son parte de la auténtica leyenda chilota. En este contexto se desarrollaron esos viejos, esos que son los lobos marinos que tanto dan que hablar. Es un deber decir también que ese ambiente ya no existe en este territorio de la manera en que ellos lo manejaron.
En el tema de lo intangible, es vital también referirse a los oficios y sus cultores, que son parte de los innumerables  servicios que aquí se desarrollaban para solucionar problemas vivenciales e incluso espirituales. Un verdadero ejército de artesanos y maestros cuyo legado está en los objetos que se mantienen  como estandartes. Nadie tomó en serio su capacidad de extinguirse, pues ya sus servicios no eran ocupados y con ello se corta un conocimiento profundo de la transformación de ciertas materias como la madera, piedra, hierro y enredaderas del bosque. Estas actividades eran transmitidas generacionalmente y se iban enriqueciendo a medida que  avanzaban en el tiempo. Es también un deber incorporar el tema de los oficios de esta isla en los relatos verdaderos, la obligación era en su momento crear escuelas participativas, aceptando que esos maestros tenían el derecho a ganarse la vida enseñando. En esto quiero ser claro, no se trata de mantenerlos quietos como museos vivientes, la idea es que se puede combinar esos conocimientos innatos y poderosos, con tecnologías actuales que ayudan a acortar los caminos. ¿Será tarde para cumplir con ese deber?
En cuanto a lo sucedido y lo que sucede con el mundo de la agricultura y ganadería chilota, puede que aún tengamos algo de historia atrapada gracias al importante trabajo que se ha realizado en torno a algunas cosas emblemáticas como es el caso de la papa, el ajo y el cordero. Para nadie es un misterio que en la isla se ha producido una transformación brutal en lo que se refiere al trabajo, en especial el que desarrollan los jóvenes. La erosión cultural que se ha producido en la tierra, no solo tiene que ver con la falta de generaciones de reemplazo, si no que los cultores agrícolas, con sus conocimientos  del manejo de la tierra en forma sostenible y con los recursos naturales que disponían, no han tenido continuidad en su traspaso. Esto compromete profundamente lo que llamamos la consecuencia con lo profundo, con lo esencial. La producción campesina  por naturaleza limpia y equilibrada, fue sacudida por la introducción de múltiples prácticas importadas, que obedecieron al tema de la mayor productividad donde los insumos ya no dependían de la disponibilidad natural, si no a la capacidad económica del agricultor. El destino de la producción se fue por otro camino.
En rigor, la relación con la tierra y el mar de todos los habitantes de estas islas es tan profunda e importante, que cualquier cambio que se realice en esta verdadera simbiosis resulta trascendental. No hay que entrar a mayores análisis para darse cuenta, es una obligación también buscar toda forma de conservación de esta cultura de la tierra, donde la intelectualidad, los profesionales y las autoridades deben buscar mecanismos para poner en valor y rescatar lo que aún se tiene. Hoy cuando el planeta vuelve a mirar lo orgánico, el alimento ético, la preservación de la biodiversidad y el cuidado de la tierra, es el  momento  justo para que con los conocimientos científicos, se busque el reencuentro con el saber de los cultores agrícolas chilotes.
Poco a poco nuestra especie va dando cuenta de los errores en la búsqueda frenética del desarrollo y el modernismo, los más avanzados buscan el reencuentro con las raíces en todas las expresiones, lo cual permite pensar que podemos lograr, con algunas correcciones, una verdadera rentabilidad cultural, que no sólo tiene que ver con el retorno de bienes. Entre las externalidades más importantes que se pueden esperar con estos cambios en los deberes que hemos mencionado como ejemplos, está el reafirmar la identidad que lejos forma parte del patrimonio inmaterial de un pueblo.
Textos extraídos de José Bengoa del Preámbulo de su libro.
Ensayos sobre identidad y cultura:
los desafíos de la modernización en Chile
José Bengoa
Chile, al igual que muchas otras sociedades, posee la sensación de haber perdido parte de su identidad. Las décadas recién pasadas, llenas de revoluciones y contrarrevoluciones, alegrías y dolores, crisis y éxitos económicos, nos producen un sentimiento de haber roto los vínculos antiguos, y de no haber surgido aún los nuevos lazos que nos reentusiasmen por vivir —todos juntos— en sociedad.
El crecimiento económico, persistente por más una década en Chile, está siendo peligrosamente acompañado por el malestar. No son pocos los que observan que el anhelado desarrollo, meta de todos los proyectos sociales y políticos, provoca al mismo tiempo desazón, inseguridad, ruptura de viejas lealtades, en fin, pérdida de sentido. Sin llegar a "inferir que los progresos técnicos son inútiles para la economía de nuestra felicidad",1 crecientes sectores, en especial jóvenes, se tentarían a no encontrar ninguna causalidad necesaria entre el denominado progreso y la felicidad o bienestar de las personas.
Nuestra identidad se confunde frente a las transformaciones. No sabemos muy bien lo que representamos o queremos ser como comunidad. Lo transitorio preside todo, el tiempo breve de las comunicaciones modernas rige el ritmo de la cultura. La ausencia de identidad debilita los sentidos colectivos y privatiza las frustraciones. Es por ello que hablamos de una pérdida de nuestra identidad, como quizá el fenómeno más profundo de una sociedad azotada por procesos de "modernización".
Chile, al igual que muchos países, ha deseado ser moderno. Podríamos afirmar que ha sido el ideario permanente y reiterado de las clases altas y medias desde la segunda mitad del siglo pasado, a lo menos, desde que la modernidad apareció en el mundo como obsesión y problema. En muchas ocasiones ha sido adoptado también por los trabajadores.
Deberíamos sugerir que la modernización o las modernizaciones se han producido por sucesivas oleadas en Chile. A períodos de relativa calma, desarrollo equilibrado —interno-externo— poca o nula expansión capitalista, se suceden olas expansivas, de grandes transformaciones subterráneas. Son olas que, como los ríos lentos, se llevan la arena de las playas, destruyen las rocas de manera imperceptible. Los cambios políticos son visibles y evidentes; los de carácter social son más oscuros; a los culturales en especial, no se los percibe fácilmente.
Hoy día asistimos a una nueva —y quizás gigantesca— ola subterránea de modernizaciones. El peligro es que barra con la arena, las rocas y muchos de los depósitos más sólidos del país, esto es, con su cultura, con su identidad.
Las modernizaciones, cuando son violentas, compulsivas e irreflexivas, tienen el problema de romper con las identidades pasadas, desvalorizar la cultura y provocar un enorme vacío cultural. En esos casos abunda la falta de sentido, y sus consecuencias: la falta de interés por lo público, la inmoralidad, la corrupción, la delincuencia, en fin, la falta de vínculos entre quienes viven en esa sociedad. Surgen, por tanto, la coerción social, la represión cultural, como únicas medidas para tratar a los ciudadanos o simples habitantes del territorio. Se pierde el sentido de ciudadanía. La modernización compulsiva puede ser un proceso de devastación cultural en medio del cual se construya una sociedad vacía, sin miradas comunes ni respecto al pasado ni al futuro, sin vínculos profundos entre sus miembros.
La voluntad de cambio y de modernización puede tener también un enorme sentido constructivo; puede crear una sociedad moderna, con conciencia de sí misma, en paz con su pasado y con un proyecto compartido de construcción de un futuro amable.


Todo esto que hemos expuesto no es otra cosa que resaltar el trabajo de los hombres, mujeres y niños que dejaron el Patrimonio para nosotros. Entendiendo los procesos, sus historias, las relaciones sociales y el vínculo con el entorno natural, podemos darle un  verdadero sentido ético a las riquezas patrimoniales y con ello estar siempre conectados a las verdaderas raíces.
Con esta base podemos hablar de un turismo responsable que atrae a visitantes y curiosos, no sólo por las figuras postales que después se añejan, sino que más bien por el contenido humano que se pueden llevar de vuelta.
Al principio me refería a que estas figuras clichés, que se presentan a diario como parte de la Isla, pueden llegar a ser contraproducentes.  Los festivales costumbristas, las rutas, el turismo campesino, los fogones, se han concentrado en lo gastronómico, en las formas y variedades de comidas nada más. Esto tiene límites y no se puede insistir en estas desgastadas soluciones para elevar los ingresos familiares de algunas personas.  Por otro lado, los eventos como mingas y otros pierden sentido si los preparamos para la foto nada más. No estoy diciendo que estas actividades no se realicen, pero creo sinceramente que si no cumplen con el requisito de contextualizarlas, quedan en la memoria sin ningún peso. Siempre debemos preguntarnos por qué se hacían, por qué es necesario recrearlas y cómo se concretaban.
En la desesperada búsqueda por rentabilizar el Patrimonio, es fácil caer en la tentación de armar cuentos sin una plataforma sólida. Se cae en la tramoya, en la simpleza del registro pagado, en la anécdota. Creo que hoy existen innumerables profesionales potentes, que pueden trabajar en estos temas con mucho más profundidad. Generar un plan de trabajo, inventariar el patrimonio material e intangible, determinar la verdadera capacidad de carga de visitantes, reconstruir historias, provocar a los protagonistas para que valoricen sus vivencias y las transmitan, sistematizar los conocimientos dispersos, registrar experiencias y muchas otras acciones son parte de los desafíos.
Lo más importante es lograr mantener esta cultura, pues con ello se puede pensar en reconstruir sin caer fundamentalismos y tratar de volver al pasado, se trata de  mantener más la esencia del ser chilote.

Esta responsabilidad nos cabe a todos y más aún a quienes tienen una relación directa con esta Isla, ya sea en posiciones formativas, políticas, religiosas, intelectuales o empresariales.

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